El pan que os traemos hoy es un descubrimiento reciente fruto de nuestro trabajo de investigación en la cocina. Se trata de un pan de densidad media y alveolatura moderada, muy apropiado para tostadas de desayuno o merienda.

 

Empezamos mezclando 400 g de agua muy fría, 10 de sal, 10 de levadura y una buena dosis de semillas, en total unos 100-150 g. En mi caso las elegidas fueron pipas de girasol, sésamo, lino, chía y amapola.  Una vez disuelta la levadura y la sal, añadimos 250 g de harina de centeno y 250 g de harina blanca de trigo (estás proporciones pueden variarse en función de nuestro gusto, pero no es recomendable sobrepasar los 330 g de centeno en total). Mezclamos todo bien, y a la nevera tapado.

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En la nevera dejaremos la masa un día completo, pero no pasa nada si son dos. Al sacarla, la disponemos sobre una bandeja untada con aceite de oliva, y la dejaremos dos horas. Durante ese tiempo le daremos los pliegues típicos de la chapata para mantener la consistencia y evitar que se desparrame. Pasadas las dos horas, le damos forma al pan, aquí dejar volar vuestra imaginación para darle forma de bolla, barra, etc… y hecho esto la dejaremos otra hora creciendo.

Después de esta hora, metemos el pan en el horno, 15 min a 250 ºC y 30-35 min más a 200 ºC. ¿Qué os parece el resultado?

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