La tierra en la que crecen los viñedos, las variedades de uva utilizadas o el clima son factores fundamentales para determinar la personalidad del vino, pero el cuidado y la mano del hombre y su saber hacer es, sin duda, uno de los más importantes

Que el vino se empapa de la tierra en la que crece y que muestra al mundo su origen y su entorno es algo que ya nadie duda. Como tampoco lo es el que los vinos emocionan y que trasladan al consumidor sabores y olores diferentes y diferenciados. Por ello, se habla de la personalidad de los vinos, un término idóneo para reflejar el carácter que cada bodega imprime a sus productos y lo que cada botella es capaz de transmitir a partir de su elaboración, sus variedades, su maduración y, sobre todo, sus cuidados.

Y es que mimar al máximo los viñedos, respetar las variedades de uva y sus cualidades y aprovechar las características del terreno y del clima es ya una tendencia global para los viticultores, que cuidan al máximo su producción para sacar lo mejor de la tierra y transmitir a sus vinos las características y personalidad de su entorno y climatología. Pero cuidar al vino durante todo el proceso productivo, desde la propia viña hasta la botella, ya no es suficiente. Es necesario que las bodegas experimenten, investiguen e innoven al máximo para crear vinos únicos capaces de conquistar a un consumidor tanto de vinos tintos como de blancos cada vez más exigente.

Innovación en el sector vitivinícola

La innovación, la investigación y la diferenciación son, hoy en día, factores clave para el éxito de cualquier empresa y de cualquier producto en cualquier sector. Y el vitivinícola no es una excepción. Cada vez son más los productores, las denominaciones de origen o las regiones vitivinícolas capaces de elaborar vinos de calidad y saber diferenciarse es lo que marca la diferencia para las bodegas. Ser capaces de crear vinos únicos y con personalidad es uno de los factores clave para llegar al corazón de los consumidores. Y todo ello sabiendo respetar las características de cada uva para sacar lo mejor de ellas.

Cada tipo de suelo, cada ubicación del viñedo, cada clima y microclima y cada variedad de uva son capaces de aportar al vino unas características muy diferentes. Saber aprovecharlas y respetar al máximo el producto es lo que, sin duda, aportará esa personalidad final a cada vino. Y es que esa personalidad distintiva que busca cada bodega se consigue a través de la investigación y la innovación. Saber qué tecnologías y técnicas aplicar para conseguir un determinado tipo de uva para la elaboración de vinos concretos y de características especiales y singulares será un factor de éxito en la producción del vino. Aunque, no obstante, el reto para las bodegas está en tener un mayor control de sus viñedos y apostar por las variedades de uva que mejor se adapten a las condiciones climatológicas, de altura y del suelo para conseguir la máxima calidad de cada uva.

La personalidad del vino

Pero para conseguir esos vinos elegantes, únicos y con personalidad, tan demandados hoy en día por los consumidores, no es suficiente con unas variedades de calidad, adaptadas al viñedo y con un cultivo cuidado y especializado. La verdadera personalidad se consigue en la mezcla de variedades y el proceso de maduración del vino. Por ello, hoy las bodegas apuestan por elaborar vinos monovarietales con variedades autóctonas o bien adaptadas a sus viñedos capaces de mostrar por sí solas lo mejor de la tierra. Pero también por combinaciones de uvas de calidad, complementarias y a las que se cuida de forma diferenciada para sacar lo mejor de cada una de ellas. Esas combinaciones con distintos porcentajes para potenciar distintos aromas  y sabores y saber encontrar el punto óptimo de maduración del vino es la mejor muestra de personalidad para un vino.

Dehesa de Luna, un ejemplo de bodega de vino con personalidad

En la actualidad son muchas las bodegas que han sabido transmitir su personalidad a sus vinos. Y, sin duda, si hay una que lo ha conseguido es la bodega manchega Dehesa de Luna. Su ubicación en pleno corazón de Castilla La Mancha, su finca reserva de la biodiversidad con viñedos únicos y tecnificados y rodeados de un entorno natural único de más de 3.000 hectáreas de naturaleza han supuesto un valor diferencial  para una bodega que ha sabido transmitirlo a sus vinos. Vinos monovarietales y mezclas que reciben mimos únicos y diferenciados y combinaciones redondas son el resultado de haber querido ir más allá en el sector vitivinícola y en la composición de cada vino.

Su control de cada uno de los parámetros del proceso como la temperatura de fermentación o la maceración de las pieles es lo que hace que sean capaces sacar lo mejor de cada uva en función de lo que quieren de ellas. Cada variedad recibe cuidados únicos y especiales que después se unen en los distintos tipos de vino que elaboran para conseguir vinos únicos, redondos, elegantes y, por supuesto, con personalidad.